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Por qué fue importante para mí contar con una doula en mi primer embarazo

Durante todas las etapas del embarazo, siempre ha sido muy positivo para la familia, pero sobretodo para la mujer gestante, el contar con una red de apoyo (o tribu) para resolver dudas, compartir sus experiencias e incluso para desahogarse.

La sanidad pública te ofrece varios encuentros con una matrona donde podrás resolver dudas, escuchar los latidos del corazón de tu bebé, controlar tu tensión arterial y tu peso (esto último muy temido por muchas, y por mí concretamente) y donde se te darán las próximas citas para análisis y ecografías. Las ecografías las realiza por lo general cada vez un profesional diferente, por lo que tu único punto de referencia “fijo” durante tu embarazo será la matrona.

Así mismo será esta matrona la encargada de impartir las clases de preparación a la maternidad, donde se abordarán distintos temas como: cómo saber que el parto ha comenzado, diferentes etapas del parto, la anestesia epidural, la lactancia materna y artificial, etc.

Entonces, si ya contaba con este apoyo ¿por qué era importante para mí contar con el acompañamiento de una doula? En mi caso, las razones fueron porque necesitaba hablar con alguien que fuera imparcial o que en todo caso estuviera “de mi lado” cuando lo necesitara, y por supuesto que tuviera información veraz y probada científicamente. Además quería sentirme con la libertad de preguntar cualquier cosa que me inquietara, aunque fuera una pregunta poco común o rara. Otro punto importante es que quería que mi marido tuviera la ocasión de expresar también sus temores y hacer preguntas que le inquietaban en un entorno de confianza y respeto y que no sintiera vergüenza al expresar sus emociones.

El tema de la información era especialmente importante para mí; quería tener la información completa, con los pros y los contras de hacer algo y de no hacerlo, para de esta manera poder elegir libremente qué quería yo para mí, para mi bebé y para mi familia.

Otra cuestión importante era el tema de la cercanía, yo quería sentirme escuchada como persona y como mujer, poder hablar de tú a tú con alguien que me comprendiera y que de alguna manera estuviera al mismo nivel que yo. Esto me daba seguridad y confianza, pero también me daba fuerza, porque sentía que lo que yo tenía que decir era importante, y mis preguntas eran válidas e incluso muy necesarias. Cuando mi marido y yo terminabamos las sesiones con nuestra doula, siempre teníamos una sensación muy agradable, sabíamos que pasara lo que pasara íbamos a ser capaces de afrontarlo y hacer todo de la mejor manera posible para nuestra familia. Como se suele decir hoy, nos sentíamos empoderados.

En un principio, mi idea era contar con una doula durante el momento del parto, pero aquí en Andalucía tan solo se permite el acompañamiento de una persona en el hospital, y yo quería que esa persona fuera el padre de mi hija, por lo que descartamos esta opción y elegimos el acompañamiento durante el embarazo. Este acompañamiento fue tan potente para mí que ya no necesitaba tener una doula durante el parto, sabía que yo podía hacerlo y no tenía ningún miedo.

En el posparto inmediato, también tuve la suerte de poder contar con mi doula para solucionar un problema que tuvimos con la lactancia materna: mi hija tenía frenillo sublingual (anquiloglosia) y nadie lo había detectado. ¡Menos mal que ella sí lo vió! y enseguida nos recomendó a una médica especializada en lactancia y anquiloglosia y pronto pudimos resolverlo todo. Pienso que si no hubiera sido por ella, más tarde o más temprano hubiera tenido que abandonar la lactancia porque el dolor para mí era insoportable (¡y eso que había parido sin epidural!).

En resumen, gracias a mi doula y a otros profesionales de los que hablaré más adelante, tuve un embarazo más tranquilo y agradable. Pude disfrutar de un parto que me empoderó y me hizo pensar que soy capaz de todo lo que me proponga y me permitió darle a mi hija el nacimiento que se merecía y una lactancia exitosa de la que mi hija pudo disfrutar hasta casi sus tres años de vida.

Estos son los motivos por los que contar con una doula fue de vital importancia para mí y mi familia.

Un abrazo de Lola, tu doula.

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