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Mi entorno me critica por dormir con mi hijo, y me importa una m#$&%@

Cuando una se convierte en madre, hay un cambio muy grande en la vida. No me refiero a las hemorroides, ni a la falta de sueño, ni a que de un día para otro Peppa Pig sea tu mejor amiga. Me refiero a que de repente todo el mundo se cree con derecho a opinar sobre tu vida y tu forma de criar a tu hij@. Esto queridas, es bastante peor que una hemorroide, estaréis de acuerdo.

El tema por excelencia es el colecho, que para las que no conozcáis el palabro, simplemente significa que tu hij@ duerme en tu cama con vosotros. Bueno, el colecho y la lactancia, pero hoy voy a hablar del colecho.

Yo no entiendo por qué hay tanto estrés y tensión en la sociedad con el tema de que los hijos duerman con los padres. A ver, hablamos de niños, no creo que con 18 años quieran dormir en nuestra cama. Aunque quién no ha necesitado alguna vez dormir con su madre siendo más mayor.

Cuando nace un bebé, necesita estar cerca de su madre por supervivencia, y me atrevo a decir que lo mismo le pasa a la madre, aunque a veces se nos empuje a ignorar nuestros instintos. Por las noches, los bebés también necesitan alimentarse, y aunque sea por pura comodidad, es todo más fácil (sobretodo para la madre) cuando tiene al bebé al lado de la cama en una cunita, o incluso en la cama misma. Cuando tuve mi primera hija, montamos una cuna y la pusimos al lado de la cama, e intenté varias veces soltarla ahí una vez se había dormido. Siendo generosa creo que eso funcionó 3 veces, y esa cuna se convirtió en el lecho de mis gatos Meli y Manolito, y un buen sitio donde ir acumulando ropa y peluches.

¿Habéis oido hablar del síndrome de la cuna de pinchos? Es lo que tienen los niños que están placidamente dormidos en los brazos de su madre y cuando ésta se dispone a posarlos sobre las sabinitas, que con tanto mimo escogió durante su embarazo, se despiertan llorando como poseidos y hay que volver a dormirlos. Creedme, no es divertido. Yo he podido saber, gracias a la mera observación, que si la superficie donde vas a soltar al bebé, tiene una temperatura que difiera lo más mínimo con la de tus brazos, este simple motivo va a hacer que el bebé se despierte, y no precisamente de buen humor. *Truqui* puedes envolver al bebé en una mantita y luego soltarlo sobre esta mantita en su cuna. De nada 😉

Pero supongamos que tú bebé no se despierta al intentar soltarlo en la cuna, imaginemos que simplemente quiere comer o quiere brazos unas tres o cuatro 🙄 veces durante la noche. Si el bebé duerme en otra habitación, esa madre se tendrá que levantar equis veces y cruzar un pasillo medio zombie para ir a atender a su bebé. Me atrevería a decir, que de la propia psicosis de no tener al bebé al lado, se despertará más veces de la cuenta pensando que ha oido al bebé o le pasa algo. Esto, a largo plazo no compensa.

Entonces cogemos y nos traemos al bebé a nuestra habitación y lo ponemos en una cuna al ladito nuestro. Así es verdad que se duerme mejor y más tranquila, pero aún así te tendrás que levantar, inclinarte, coger al bebé (que al principio pesan poco, pero cuando la teta empieza a surtir efecto ya no tanto), levantar a pulso al bebé y volver a ponerte en la cama (de donde nunca debiste haber salido). Después de hacer esto, varias veces por la noche, y varios días y varias semanas, hay personas, llamadlas locas, que deciden dormir con su bebé en la cama. Algunas se dan cuenta de que no hay cosa más cómoda y agradable que dormir con su bebé. Otras no están tan convencidas, pero reconocen que es bastante mejor que levantarse varias veces.

Así las cosas, un día quedas con tu familia o amigos y sale a la luz que tu bebé duerme en tu cama, y empieza entonces la avalancha de comentarios (no deseados y no pedidos) sobre lo malo, lo coñazo y lo chungo que es dormir con tu bebé. Al principio hay padres y madres que incluso sienten que están haciendo algo mal por colechar, ya que ellos mismos juraron y perjuraron que no lo harían. Pero una cosa es la teoría y otra la práctica, y cuando se han visto en situación, han optado por lo que optaría cualquier especie inteligente: la supervivencia.

En nuestro caso, nosotros pusimos la cunita en nuestra habitación desde el principio, y estuve intentando usarla, varias semanas, incluso meses, hasta que capitulé y empecé a dormir con Marti en nuestra cama. Y tengo que decir, que aunque yo no pertenezco a esas madres maravillosas que son capaces de dormir con una teta fuera, y que su bebé vaya mamando cual barra libre durante la noche sin inmutarse, sí que me resultó mucho más cómodo y en cierta medida un alivio hacer colecho. Tanto fue así que un buen día desmontamos la cuna y compramos una camita de 105 y la pusimos al lado de la nuestra, para tener más espacio y dormir más cómodamente.

Con Luki ni siquiera montamos la cuna, yo sabía desde el principio que íbamos a dormir juntos en la cama grande él y yo, y mi marido con Marti en la de 105, jijijiji se siente. La que pare elije, eso lo sabe todo el mundo. Total que ahora domimos en la misma habitación los cuatro, y yo cada día lo disfruto más. Despertarme por las mañanas y tener a las personas que más quiero a mi alrededor me hace levantarme con un montón de energía y alegría. Y poder abrazarlos durante la noche ya ni os digo.

Entiendo que esta es mi forma de ver las cosas, y de la manera que me gustan a mi. Pero yo me doy cuenta de que mi hija está mucho más tranquila y feliz si duerme con nosotros, porque se siente segura y protegida, y yo estoy más tranquila y feliz también, de tenerla cerca y poder asegurarme de que está bien. Y nadie tiene derecho a criticar esto, ni a contarme historias de que si luego no se van a querer ir a sus camas, que si pitos que si flautas. Soy consciente de que llegará un día, más pronto que tarde, en el que querrán dormir en su habitación, y entonces supongo que sentiré alegría porque tienen la seguridad y la confianza de poder dormir solos, y pena al mismo tiempo porque significará el final de una etapa. Un amigo me dijo un día que el ser padre significa aprender a despedirse, y es tan cierto… estás todo el día despidiendote de fases y momentos que nunca volverán, para recibir otros nuevos y emocionantes.

Y con estas reflexiones sobre el colecho y mi propia experiencia, me despido hasta la próxima. Espero que os hayan resultado útiles, o al menos os hayan entretenido.

Un saludo de Lola, tu doula.

 

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